
disfruta de tu alegría y de tu pena, mas no te hundas en ninguna. Abre alas y planea sobre ellas. Te doy todo y mi alma rica nunca necesitará nada mas de lo que es.
Tu boca escondida estaba mirando abierta mi unción a devenir. Desde un rincón que vi de reojo, tus dos tan verdes uvas reposaron en la lejanía, sobre mi secreto aún oculto. Te sentí cálida, trémula y como siempre: distante. Ya no quiero callarte el contenido del suspiro; el suspiro hondo y la muerte de la mano, te doy la muerte, la más hermosa.