
desconozco razón
pero la lágrima ahí mora
un poco de agua salada
la mujer de rio y arroyos vuelca
una sola lágrima por ojo
un sola, que se toma su tiempo
para recorrer con sutileza la mejilla blanca de quien la llora.
Tu boca escondida estaba mirando abierta mi unción a devenir. Desde un rincón que vi de reojo, tus dos tan verdes uvas reposaron en la lejanía, sobre mi secreto aún oculto. Te sentí cálida, trémula y como siempre: distante. Ya no quiero callarte el contenido del suspiro; el suspiro hondo y la muerte de la mano, te doy la muerte, la más hermosa.