es un poema escrito en mi propio cuerpo
no intenta arrebatar nada, no pretende ser mas de lo que es:
una bala perdida,
un aullido de husky siberiano de departamento.
Tu boca escondida estaba mirando abierta mi unción a devenir. Desde un rincón que vi de reojo, tus dos tan verdes uvas reposaron en la lejanía, sobre mi secreto aún oculto. Te sentí cálida, trémula y como siempre: distante. Ya no quiero callarte el contenido del suspiro; el suspiro hondo y la muerte de la mano, te doy la muerte, la más hermosa.