
Enmudecieron mis oídos y lo oí
Hermano, tus lagrimas se parecen a las mías
Sin embargo no puedo abrazar tu pena, ni tu la mía.
Refugiémonos en esta canción
Tu boca escondida estaba mirando abierta mi unción a devenir. Desde un rincón que vi de reojo, tus dos tan verdes uvas reposaron en la lejanía, sobre mi secreto aún oculto. Te sentí cálida, trémula y como siempre: distante. Ya no quiero callarte el contenido del suspiro; el suspiro hondo y la muerte de la mano, te doy la muerte, la más hermosa.
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