
De errares
Se sabe el hoy
Cantando vacíos hondos.
Te ofrezco esta carencia,
Bébete hasta la última gota.
Porque la melancolía
Ya no tiene cabida en este cuerpo
Tu boca escondida estaba mirando abierta mi unción a devenir. Desde un rincón que vi de reojo, tus dos tan verdes uvas reposaron en la lejanía, sobre mi secreto aún oculto. Te sentí cálida, trémula y como siempre: distante. Ya no quiero callarte el contenido del suspiro; el suspiro hondo y la muerte de la mano, te doy la muerte, la más hermosa.
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